No conocemos al primer refugiado de la historia. Tal vez su nombre sonara parecido a Eneas o tal vez no, quizá se tratase de una mujer. Probablemente no habría nacido en Troya, pero también escaparía de algún lugar inhabitable. La Eneida de Virgilio y Las Troyanas de Eurípides, sirven como punto de partida para acercarnos al exilio, que se repite una y otra vez.





